Jueves 13 de marzo de 2008 | Publicado en
edición impresa
Por Antonio
E. De Turris
Para LA
NACION
Al final, se vio que la pelota dobla y que lo
de la altura era puro cuento. No se sabe si San Lorenzo podrá evitar quedar
prematuramente fuera de la Copa Santander Libertadores, pero no hay dudas de
que anteanoche los de Boedo hicieron historia, y de la grande: le mostraron al
mundo que a casi cuatro mil metros de altura la pelota dobla y que no es
totalmente cierto que jugar decorosamente al fútbol tan por encima del nivel
del mar sea imposible. Y que, muy probablemente, la cabeza, la psiquis, tenga
tanto que ver como los pulmones.
En los últimos 30 minutos del partido,
justamente entonces, cuando se amontonaba todo el cansancio previo, que ya
venía de días anteriores, los traumas, el difícil viaje previo de Sucre a Potosí
y casi una hora de partido y con dos goles adentro, los jugadores de San
Lorenzo transformaron la lucha en un partido entre solteros y casados. Pero con
un agregado: los del equipo argentino parecían solteros de 20 años que habían
vivido toda su vida en la altura; los de Real Potosí parecían casados de 50 que
venían de comer un asado en Buenos Aires. Tal era la forma en que se movían
unos y otros; tal fue la manera en que San Lorenzo arrasó físicamente a los
locales. Tan vigorosos y enérgicos y llenos de aire parecían unos y tan lenta y
grotescamente se movían otros que ni siquiera hizo falta que San Lorenzo
pusiera de manifiesto de manera total la natural diferencia técnica que hay
entre argentinos y bolivianos.
Se vio un San Lorenzo distinto ya desde el
comienzo del segundo tiempo, y la mejoría se acentuó a partir de la expulsión
de un rival. Se notaba que el equipo argentino ya no pensaba en la altura o, al
menos, no sentía sus efectos de manera demoledora.
Es posible suponer que en esos 15 minutos de
entretiempo Ramón o algún jugador tocó fibras íntimas del grupo. Y es difícil
creer que lo haya hecho apelando a profundas teorías freudianas o lacanianas.
Más bien, vale imaginarse un discurso más o menos así: muchachos, nos van a
matar a todos y Marcelo (Tinelli, claro) nos va a echar a patadas. Y además
somos argentinos y ellos son bolivianos (futbolísticamente, vale discriminar).
Vamo al frente carajo "
Y pasó lo que pasó. Es cierto: Real Potosí es
una lágrima, pero no muy distinto de otros equipos del altiplano. San Lorenzo
le hizo un favor enorme al fútbol boliviano: ahora será más difícil que la FIFA
o la Conmebol puedan quitarle sedes en la altura. Se puede terminar un partido
corriendo más que los bolivianos. El resultado será lo de menos. Ahora toca a
los próximos que vayan por allí ratificarlo. Es cierto, Orion habló de
descomposturas y de lo mucho que sufrieron. Y habrá sido cierto. Tan cierto
como que aquí también, en el llano, hay jugadores que piden a gritos pastillas
de carbón en la previa de algún gran partido. Y todos lo saben.
Con pocas posibilidades en el campeonato local,
no por los puntos que lo separan del primero sino por la cantidad de equipos
que tiene por delante, San Lorenzo podría haber sido hoy el hazmerreír del
mundillo futbolístico y del espectáculo. Los bajos de la Argentina se habían
convertido en un infierno. Cuatro mil metros más arriba, se sintió como en el
cielo. Como corresponde a un Santo.