Viernes 16 de mayo de 2008 | Publicado en
edición impresa
Por Antonio
E. De Turris
Para LA
NACION
Ahumada cometió un pecado de juventud. El
debería saber que la hinchada de River nunca fue tan efervescente como la de
Boca; así como la de Independiente parece la flama de una vela frente a lo
volcánica que suele ser la de Racing. Históricamente, las de Boca y Racing, y
también la de San Lorenzo, fueron leales en el acompañamiento a sus respectivos
equipos, más allá de que éstos anduviesen bien o mal. No así las de River e
Independiente, clubes que, sin embargo, supieron de muchísimos momentos de
gloria.
Los partidos se ganan y se pierden en el verde
césped, diría Perogrullo. Y es así. Que lo digan, si no, los pobres brasileños
que colmaron el Maracaná en la final del 50 ante Uruguay; o los argentinos que
llenaron la cancha de Boca para ver cómo Perú dejaba a su seleccionado fuera
del Mundial 70. Y hay cientos de ejemplos más.
Enrique Omar Sívori, que jugó en Juventus y en
Napoli, alguna vez se refirió a la frialdad de la hinchada turinesa y a todo el
calor que bajaba de las siempre repletas gradas napolitanas. Sin embargo,
Juventus acumula hoy 27 títulos de Liga y Napoli, sólo dos. Sívori tal vez se
quedó corto: por momentos, la hinchada de Juventus, esté su equipo ganando o
perdiendo, es conmovedoramente fría y distante. Y el estadio, lleno, parece
vacío. Ahumada debe saberlo por si alguna vez le toca ir a jugar allí.
Tal vez, los h... de los que se habla en el
mundo del fútbol sean la claridad mental que tuvieron los nueve de San Lorenzo
para descubrir que once contrarios no sabían qué hacer. Es cierto que de la
tribuna de Boca baja mucho aliento y que la Bombonera es algo especial. Pero
Boca ha escrito páginas memorables en el exterior y no lo ha hecho al estilo
Ahumada, corriendo mucho y pensando poco.
Si algunos hinchas de River el domingo creyeron
conveniente tildar a sus jugadores de gallinitas o muchachos flojos de intestino,
no fue porque no hubieran corrido o puesto la pierna fuerte. Fue porque,
empezando por su técnico, no tuvieron la sabiduría para manejar una situación
favorable.
Contaban los mayores que la hinchada de Boca se
hizo así, como es, porque la característica de sus jugadores, que no siempre
eran exquisitos, necesitaba del griterío que los mandara para adelante y, de
paso, aturdiera a sus rivales. Hace 40 años, la hinchada de Racing era
igualmente fiel que la de hoy, pero menos ruidosa. Desgañitarse gritando era
una estupidez. Bastaba con disfrutar de las gambetas de Corbata, del cerebro de
Pizzutti, de la calidad de Sacchi, de los cabezazos del marqués Sosa y esperar
que los goles cayeran como higos maduros. Hoy hay otros, y entonces hay que
gritar mucho y poner h... Pero ya se ve que no alcanza.
Probablemente, lo que Ahumada quiso decir fue
esto: "Señores, somos un poquito mediocres; tanto, que no sabíamos qué
hacer con un partido en el que estábamos ganando y teníamos dos hombres más;
¿por qué miércoles no gritaron?" . Tal vez, como dijo Simeone destilando
una pizca de rencor que no le sentó bien, en un mes y algo River esté
festejando y los demás se encuentren con las manos vacías. Si así fuese, lo que
pasó no se borrará. En el fútbol mandan la cabeza y los pies.
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