Jueves 10 de noviembre de 2011 | Publicado en
edición impresa
Por Antonio De Turris | Para LA NACION
El ejercicio no es nuevo: se trata de contestar
una encuesta que pregunta quienes son, en orden, las diez personas o
instituciones más influyentes de la Argentina. Diríase, los que tienen el poder
en serio, los que pueden producir hechos que cambien el curso de los
acontecimientos.
Abrir el link y colocar en el primer puesto el
nombre de la Presidenta fue todo uno. Como lo había sido otras veces, aun en
tiempos de presidentes débiles.
Rapidito, también, surgió el nombre para el
segundo lugar. ¿Boudou? No. Es cierto que él es el número dos del país por su
condición de vicepresidente electo y que hasta se ha ganado más de una sonrisa
de una presidenta que no siempre regala semejante gesto a un extraño. Pero no.
El segundo casillero es para la única persona que para usar su poder no
necesita andar colgado de las negras polleras de la Presidenta: Máximo
Kirchner.
Si la Presidenta decidiera no ir por la re-re,
sea porque no quiera o porque no pueda reformar la Constitución, Máximo bien
puede ser su primera opción. ¿Qué mejor para alguien tan desconfiada como ella?
Con él, hasta se puede reflotar el viejo sueño del cuatro por cuatro. Nadie en
su sano juicio puede asegurar que Máximo preferirá seguir haciendo política
casi en las sombras, como hasta ahora.
¿Boudou el tres? Qué difícil? El no ha
desmentido que Mercedes Marcó del Pont, la presidenta del Banco Central, haya
convencido a la Presidenta de hacer un corralito en torno del dólar, con lo
cual no pudo impedir que el Gobierno decidiera acordonar las casas de cambio
con la AFIP y hasta con fuerzas de seguridad. Como si quienes blanquean
millones de pesos mal habidos fueran allí a hacer la cola junto con el que
quiere comprar mil dólares. Y si es cierto que además Cristina le pidió que
parara con la guitarra? peor.
La encuesta, antes simpática y divertida,
empieza a transformarse en un galimatías. ¿Moyano? Difícil, también. Ya no está
junto a la Presidenta en los grandes actos, cualquier gordo le moja la oreja y
tiene que pensar qué harán esos jueces que lo miran con cara de pocos amigos.
Hace tiempo que abandonó las prácticas de sitiar con camiones la Plaza de Mayo,
incluida la Casa Rosada, o dejar medio país sin combustible, lo que en rigor
era su poder: no puede ser el tres del ranking.
¿Guillermo Moreno, Carlos Zannini? Y sí, uno
públicamente, y el otro de modo más discreto, hacen gala de poder, pero hasta
que Cristina quiera. Por las suyas, hoy podrían perder una elección hasta con
Elisa Carrió.
¿Algún gobernador de los que triunfaron
ampliamente? Podría ser. De hecho, hasta hubo quien sacó más votos que la
Presidenta. Pero no. Hasta tanto, por conveniencia o por falta de convicción no
declamen la aspiración presidencial que los debe animar, quedan como a la
expectativa, limitados a sus feudos.
¿El Congreso? Decididamente, no. La ciudadanía
lo licuó al llenarlo de oficialistas. El Congreso tiene, en todo caso, el
enorme poder de acrecentar el enorme poder del Poder Ejecutivo. Pero no parece
ser ésa la clase de poder e influencia que pide la consulta.
¿La Corte Suprema de Justicia? Por el simple
hecho de ser cabeza de uno de los tres poderes tiene una indudable influencia,
pero de sus fallos el Ejecutivo cumple los que quiere y cuando quiere.
Preguntar, si no, a los jubilados.
Tal vez, algunos jueces sueltos, como Oyarbide,
puedan ejercer más poder que la Corte. Podría estar Oyarbide en algún lugar del
ranking, pero tercero parece mucho. ¿La Iglesia? No puede hacer más que lo que
ha hecho todo el tiempo: hablar de situaciones que el crecimiento económico de
los últimos años no ha podido remediar. Como que los pobres sean cada vez más
pobres. El Gobierno la escucha y sigue en lo suyo.
¿La prensa no complaciente? Difícil. Las
elecciones demostraron que no influye tanto como creían el Gobierno y muchos de
los periodistas y medios no complacientes.
La tentación de ir desde abajo hacia arriba,
del diez al tres, fue grande, y allí se forma una Babel en la que podrían
figurar desde Marcelo Tinelli hasta Julio Grondona, dos que en lo suyo tienen
poder de fuego, pasando por los antes mencionados y por otros jueces que tienen
causas que al Gobierno le interesan. Pero todo es vidrioso desde el tres al
diez o viceversa.
Sí, cuesta armar seriamente el ranking y por
más que se le dé vueltas y vueltas al asunto, se llega siempre al mismo punto:
es la monarquía, estúpido.
© La Nacion
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