08 de Febrero de 2012 - 23:22
El análisis de Antonio De Turris sobre la
actualidad de los millonarios en el Nacional B
River sigue en caída libre. Los números dicen
que esa aseveración es falsa y que la premisa de que parte el análisis es nula
de nulidad absoluta. Y es así. Hoy, cuando acaba de terminar la primera rueda
del nacional B, River está compartiendo el segundo lugar, de ascenso directo,
con Rosario Central, y un punto por encima del cuarto, Quilmes.
Sin embargo, esos mismos números demuestran que
River está a sólo dos puntos, menos de un partido, del quinto, Boca Unidos, que
no entra ni en promoción. Y los que siguen son Defensa y Justicia, a cinco
puntos de River, y Almirante Brown, a seis. No sólo no pudo ganarle a ninguno
de los dos, sino que la pasó mal con ambos.
Y algo más sobre números: los equipos a los que
River venció están todos, con excepción de Gimnasia La Plata, debajo de la
duodécima posición. Es como decir que le ganó a nadie. Cualquier similitud con
lo que ocurrió en el campeonato del descenso, es pura coincidencia.
En conclusión, hoy River está a un tris tanto
de lograr el ascenso directo como de tener que jugar la promoción; no está mal,
puede pensarse, pero el asunto es que River también está un tris de quedarse en
la B un año más.
No puede asegurarse si en la segunda rueda todo
mejorará o empeorará. Lo que sí, no es aventurado afirmar que los nervios y las
presiones que consumieron al River que se fue al descenso y a este hasta ahora
discreto equipo del Nacional B, se incrementarán partido tras partido.
River sigue en caída libre porque se hunde cada
vez que Almeyda habla y deja expuestos a él y a su grupo al papelón, a que
desde un campeón como Falcioni hasta un técnico de poca monta como Giunta lo
manoseen, por decirlo de una manera académica. A él y al grupo. Lo que menos
necesita River es que le digan que fue menos que Ramón Santamarina, de Tandil,
aunque todos lo hayan visto; o que lo manden a cortar el pasto a Isidro
Casanova.
Decenas de cambios, modificaciones de esquemas
y una sorprendente falta de respuestas desde el banco cuando las cosas no salen
bien, no han mostrado a Almeyda, hasta ahora, como el piloto de tormenta que
River necesita. Porque River puede entrar en una tormenta. Cualquier equipo de
la categoría maneja la pelota parada y los tiros libres al arco mejor que
River. ¿Qué hace un técnico si no puede trabajar eso?
Ameyda fue un símbolo del descenso de River por
la gravitación que tuvo dentro y fuera de la cancha. Escudado, como otros
ahora, en que su condición de hincha y su amor por la camiseta alcanzaba, pasó
sin transición del showbol a la primera millonaria y, buen marketinero, levantó
a su tribuna corriendo desordenadamente y tirándose a los pies de cuanto rival
pasaba más o menos cerca. No se sabe si detrás de la cara de muchacho bueno que
está debutando como técnico estará lo que River necesita para lo que viene.
River está en caída libre porque Passarella
inclinó más el tobogán en que dejó a River la desastrosa gestión de José María
Aguilar y es el verdadero artífice de que hoy los millonarios sólo puedan
cruzarse con Boca en amistosos.
Podía comprenderse y hasta justificarse su
impericia política en los comienzos. No, por lo que fue como futbolista y como
técnico, que supusiera que la caída la iba a frenar un elenco de
incorporaciones que incluyó a hombres como Rodrigo Rojas, el Mágico Canales,
Arano, Bordagaray, el propio Almeyda y a varios más por el estilo. Y, en la
etapa decisiva, a técnicos como Cappa y J.J. López sobre quienes sería cruel
decir algo.
Ahora, el mismo Passarella que insultó a
Grondona en el momento menos oportuno, apostó a muchachos trajinados, casi ex
jugadores, como Domínguez, Cavenaghi y Trezeguet. Y agregó, por un millón de
dólares, a Ponzio no obstante tener una enorme cantidad de volantes de todo
tipo. Casi un club de amigos que entre sus propios achaques y la incapacidad de
su técnico por momentos fueron vapuleados por Almirante Brown y sucumbieron
frente a un Boca que le ganó sin transpirarse.
Y hay que decir que River también sigue en
caída libre por su tribuna, devenida en una masa boba que se hizo hincha de sí
misma y que cuanto peor juega el equipo que la ha convertido en el hazmerreír
del fútbol argentino, más llena las canchas. ¿Terminará ese loco amor como el
año último, cuando esa misma masa canalizó su frustración destrozando el club
que dice querer y exponiéndolo a graves sanciones?
En su calidad de hincha de River de toda la
vida, no del fenomenal actor que es, Luis Brandoni durante un reportaje que le
hicieron recientemente invitó a la hinchada de River a dejar las tribunas
vacías como reproche a los padecimientos a que dirigentes, técnicos y jugadores
la vienen sometiendo. Parece más efectiva y civilizada esta variante que
insultar a Passarella.
Hay elementos de sobra para pensar que todo
puede empezar a resolverse en las próximas cinco o seis fechas. Si para
entonces el equipo despegó y pudo imponer la supuesta jerarquía de algunos de
sus jugadores, la cuestión puede simplificarse. Pero si llegado ese momento
estuviera peleando el cuarto puesto, repleto de miedos y presiones, no habría
que extrañarse de que alguno de sus defensores termine hecho un nudo que cueste
desatar o golpeándose a sí mismo y que la irascibilidad de muchos termine
generando expulsiones. Entonces, todo puede empezar a quedar en manos de Don
Julio.
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